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Pemex vive pero de presta

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    NNMultimedia
  • 19 mar
  • 4 Min. de lectura

Raúl López Deantes/NNM

A sus 88 años, Petróleos Mexicanos (Pemex) enfrenta la contradicción más profunda de su historia. La empresa que en 1938 simbolizó la soberanía nacional llega a 2026 con un diagnóstico dual que enfrenta a la narrativa oficial con la realidad de los mercados: mientras el gobierno presume récords de refinación y reducción de deuda, las calificadoras y los números duros revelan a una empresa en estado de shock permanente, que requiere respiración asistida del erario para no colapsar.

Actualmente Pemex no tiene finanzas sanas. Vive una crisis estructural de tal magnitud que su supervivencia depende menos de sus propios ingresos que de la voluntad política de seguir inyectando recursos públicos en sus venas.

Pero como toda crisis prolongada, también ha generado sus propias narrativas de supervivencia. Pemex alcanzó los 97 mil 300 millones de dólares en septiembre de 2024, una cifra que la mantiene como la petrolera más endeudada de la región.

Solo en 2026, la empresa enfrenta vencimientos por aproximadamente 250 mil millones de pesos, más del triple de lo que costó el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

Sin embargo, el gobierno federal ha anunciado que la petrolera disminuyó su deuda en 20 mil millos e pesos, pero aunque Pemex ha logrado reestructurar parte de sus pasivos y recibir apoyos gubernamentales que mejoran su perfil de vencimientos, esto no significa que sea financieramente autosuficiente. Dicho de una forma más secilla: Pemex vive, pero vive de prestado.

 El espejismo de la producción


 El gobierno explica esta reducción como una decisión deliberada: se exporta menos porque se refina más, redirigiendo el crudo hacia el mercado interno para alimentar el Sistema Nacional de Refinación, ahora con la incorporación de la Refinería Olmeca (antes Dos Bocas).  El problema es que esta ecuación solo funciona si la refinación opera con estabilidad y eficiencia. Y ahí los datos son, cuando menos, volátiles. Pemex presume que Dos Bocas alcanzó un pico de producción de 320 mil barriles diarios en diciembre y se mantiene en 300 mil, pero el  incendio ocurrido apenas el 16 de marzo en sus instalaciones —controlado sin mayores daños, según la empresa— revela la fragilidad operativa de un complejo que aún no logra operar a su capacidad instalada de 340 mil barriles diarios de manera sostenida.

El segundo pilar de la estrategia gubernamental es la autosuficiencia de combustibles. Con ocho refinerías (seis históricas, Dos Bocas y Deer Park), Pemex promete alcanzar un procesamiento de 1.56 mbd y reducir drásticamente las importaciones. Los avances son reales en algunos rubros. Pemex reporta que el procesamiento de crudo alcanzó 1.5 mbd en 2025, el más alto en su historia, con un rendimiento de destilados superior al 60% y un margen de refinación promedio de 12 dólares por barril. Las ventas de gasolinas y turbosina crecieron 8% entre julio y septiembre de 2025, lo que ha reducido la dependencia de importaciones- Pero el optimismo oficial contrasta con las advertencias de Moody's. La analista Roxana Muñoz señala que el negocio de refinación "continúa generando pérdidas y requiere nuevas inversiones"

 Dicho de otro modo: refinar más no necesariamente significa ganar más, especialmente cuando los precios internacionales de los combustibles importados pueden ser más competitivos que los costos de producción nacional.

Además, la autosuficiencia prometida choca con la realidad fiscal. El Paquete Económico 2026 visualizaba exportaciones promedio cercanas a 521 mil barriles diarios, pero enero quedó 43.6% por debajo de esa meta

. Esa diferencia se traduce en menos ingresos para un presupuesto que ya de por sí enfrenta presiones por el apoyo a Pemex.

A sus 88 años, Pemex enfrenta una crisis existencial. No es una crisis de aquellas que matan de golpe, sino de las que desgastan lentamente, consumiendo recursos públicos que podrían destinarse a salud, educación o infraestructura. La pregunta no es si Pemex sobrevivirá —el gobierno ha dejado claro que no dejará caer a la empresa—, sino a qué costo y durante cuánto tiempo más la sociedad mexicana estará dispuesta a sostener a una petrolera que, en el papel, debería ser la principal fuente de ingresos del país, pero en la práctica se ha convertido en su principal demanda de gasto.

Las soluciones existen, pero todas implican decisiones dolorosas: más ajuste fiscal, apertura al capital privado, cierre de instalaciones ineficientes o una combinación de todo lo anterior. Mientras tanto, Pemex sigue navegando entre dos aguas: la del discurso oficial que presume récords de refinación y reducción de deuda, y la de los números duros que revelan a una empresa que, como el ave fénix, renueva su rescate para seguir volando un año más.

El 2031 queda lejos, pero los escenarios ya están trazados: normalización exportadora, exportación mínima estructural, o un rebote por precio y disciplina

. El futuro de Pemex se definirá en los próximos 12 meses, cuando el reloj de los vencimientos y la realidad de la producción determinen si la petrolera mexicana puede, finalmente, caminar sola o si seguirá siendo, para siempre, la hija pródiga que nunca termina de abandonar el hogar paterno.

 
 
 

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